Este mensaje va dirigido a mis nulos seguidores.
¡Me mudo!
Aquí les dejo el link: http://manupalito96.wix.com/una-curiosa-mas
Casos y cosas de una curiosa
"No tengo ningún talento en especial, solo soy apasionadamente curioso"- Albert Einstein.
viernes, 29 de agosto de 2014
lunes, 19 de mayo de 2014
Una entrevista que de infierno no tuvo nada.
Entrevistar es difícil, hacerlo bien es aún peor, y hacerle una entrevista a alguien que conoces es peor que el infierno de Dante. Entrevistar a un amigo, o alguien que conoces de hace mucho tiempo, no es cosa fácil, ¿qué preguntarle a alguien que te llama a avisarte cada que su ducha empieza a gotear?, no es sencillo entrevistar a alguien de lo que todo conoces, pero tampoco es fácil entrevistar alguien que desconoces ¿cómo hacerle preguntas a alguien de quién no conoces ni su presente?, es como lanzarse a un pozo esperando que al fondo haya algo para suavizar la caída, es un juego de hacerlo y probablemente morir en el intento. Precisamente eso traigo hoy, una entrevista, que, gracias a Dios no fue uno de esos calvarios.
Otra soñadora.
“Yo siempre digo que la música me escogió a mí, así de sencillo.”
Con una chaqueta gris, y al parecer totalmente inmune al calor, Sofía Perez respondía a mis preguntas mientras trataba inútilmente de escapar del sol halando la capucha de la chaqueta. “No vayas a preguntar nada que me ponga a llorar”, me dice mientras nos acomodamos en la destartalada mesa de picnic cerca a una cancha de fútbol. “Tranquila, si lloras se me daña la entrevista” le respondo yo.
De piel blanca, de esas que parecieran de mentira, con un lunar aquí y allá, y con una sonrisa divertida (que podría pasar por tímida), Sofía se preparaba mentalmente para lo que venía mientras yo comía tranquilamente un paquete de galletas.
Empiezo la entrevista, “Bueno, la primera pregunta es: ¿desde cuando practicas piano?”, con cara de alivio, me mira a los ojos y responde, “No se, como a los siete años estuve un tiempo en clase, pero el profe se fue para Bogotá sin avisarme así que me quedé sin clase, y hace como dos años lo volví a coger. Pero a los siete era más como para pasar el tiempo, me enseñaron muy mal, yo ya tenía conocimientos básicos y la mano se acordaba como moverse, pero realmente volví a aprender todo hace dos años, dos o tres.” dijo mientras halaba otra vez la chaqueta y se reía nerviosamente entre frases.
“¿Cómo descubriste que te apasionaba tanto el piano?, porque…”, “Yo no lo escogí. Yo siempre digo que la música me escogió a mí, así de sencillo. Toda la vida me considere pianista, toda la vida me gustó el piano, el piano me escogió a mí.” me respondió, con voz segura y sin dejarme terminar lo que iba a decir.
Para quienes no conocen a esta joven, ella les puede parecer otro simple estudiante de la universidad, pero la verdad es que es más fascinante de lo que la vista alcanza, esta estudiante de comunicación no solo toca el piano(pasión que decidió no convertir en profesión por que quería mantenerla como algo que hacía solo por amor), sino que también hace parte del periódico de la universidad, del grupo de escritores de la misma y que aspira a estudiar cinematografía y producción, honestamente, me impresiona su magistral manejo del tiempo. Continuando con mis preguntas descubrí que no solo produce música con sus manos, sino también con su voz, habiendo estudiado técnica vocal desde niña debido a que, como dice ella “era lenguisopa”(que tiene problemas al pronunciar la letra s), el canto también llegó a ella como cosa del destino, aún así, dejó de cantar hace un año, ahora solo tararea canciones en la ducha o en la intimidad de su cuarto. Más que todo esto, Sofía es una artista, y no por que pinte, ni porque sus dibujos esten expuestos en el Museo de Antioquia(por que como ella misma dice “doy asco en el dibujo(...) la música es el único arte en el que no fracaso”), sino porque ve como es de hermoso regalarle sueños al mundo por medio de el arte, “A mi me parece muy mágica, mágica,es así, esa es la palabra, la forma en que una persona de la nada puede crear tanto y mover tantas ilusiones y sueños como lo hacen las peliculas.” fue lo que me dijo cuando le pregunté sobre el por qué de sus deseos de estudiar cinematografía y en mi opinión, eso es lo único que necesita para ser una artista, el deseo de regalar sueños y crear magia de la nada. La entrevista se acaba y Sofía se retira y mientras la veo alejarse solo puedo pensar “ahí va otra soñadora”.
Crónica de una lata peligrosa.
Aquí les traigo una crónica que tuve que realizar para mi clase de taller de escritura, espero que les guste.
Bus suicida.
Medio de transporte, trampa mortal; no veo la diferencia.
Ni siquiera teniendo que esperar, apreció el Circular Sur justo frente a mis ojos, de colores morados y rosados(bastante extraños para un bus en mi opinión) y con el típico tablerito que anunciaba las paradas más importantes de su recorrido; miré si estaba lleno y comprobé que, a pesar de ser medio día, la colorida lata con ruedas apenas y llevaba pasajeros, así que me agarre a la manigueta del lado de la puerta mientras el conductor empezaba a dar marcha otra vez, y me interne en el que se convertiría en mi último viaje en bus.
¿No se han dado cuenta que en todas partes siempre hay una señora de avanzada edad con las canas teñidas de morado?, yo sí, y la verdad me parece intrigante, vayas a donde vayas, siempre habrá una de estas mujeres a tu alrededor. Pienso que, tal vez, eso sea parte de un rito de iniciación de alguna secta en la que se te permite entrar solo cuando ya tienes bastantes años por detrás y no tantos por delante, el caso es, que la señora de canas moradas designada a este bus llevaba una cara de ira contenida combinada con terror absoluto, un mal presagio si conoces a los conductores de bus colombianos, así que, por el bien de mi alma, me senté.
Dos frenadas en seco por semáforos en rojo, cuatro intentos de atropello a motorizados, e incontables insultos por parte de conductores de automóviles después, comprendí el gesto de la mujer cuando apenas me subí, y estoy más que segura que yo llevaba el mismo gesto.
Agarrada(o más bien profundamente incrustada) a la silla de adelante donde un señor con traje y corbata leía tranquilamente con las piernas cruzadas(¿Cómo podía hacerlo?), y con las piernas clavadas al caliente piso de caucho del bus, rezaba todos los avemarías que me sabía(y los que no, me los inventaba), pidiéndole a mi diosito y a la virgen que me sacaran intacta de este paseo mortal, y se que no era la única en esa situación, miré a mi alrededor y vi a una mujer agarrando a su hijo como si la vida se le fuese en ello y a un señor con cara de gargola fulminando a el conductor a través del retrovisor con la mirada. A mi lado estaba sentada una chica, morena y de cabello castaño oscuro que rondaba los 18, e iba hablando con su mamá por el teléfono(Lo se porque adolescente que se respete solo responde “Sí señora” con cara de tedio cuando esta hablando con la mamá), no pude escuchar mucho, pero al parecer la chica iba tarde para el almuerzo y su dulcísima progenitora le lanzaba las cariñosas palabras que las madres latinas lanzan cuando sus “desagradecidos hijos” las hacen preocupar. Repentinamente, el bus pegó un frenón más fuerte que los otros y todos los pasajeros de la colorida lata nos balanceamos(o más bien, salimos proyectados) hacia adelante por las leyes de Newton, que no solo nos torturaron en bachillerato, sino que también deciden hacer aparición en momentos como estos, y gracias a ellas fue que mi cabeza encontró reposo en la dura silla de plástico del señor de traje, y algunos(más bien muchos) pasajeros soltaron improperios propios del folclore colombiano; cuando alcé mi cabeza para ver el porqué de mi posible contusión cerebral encontré un carro transportador de pipetas de gas a menos de un metro del bus haciendo que mis pupilas se dilataran y mi boca también soltara una que otra demostración cultural.
La chica del lado recogió su celular(que se le había caído en medio de el drama) y le respondió a su mamá “Llego a la una y media, si es que sobrevivo” y para mis adentros estuve de acuerdo con ella; montar en bus es peligroso para la integridad física de un ser humano normal, y esta, es la última vez que lo hago.
lunes, 12 de mayo de 2014
El miedo, el amor y la valentía.
“Todos los problemas tienen la misma raíz: el miedo. El miedo desaparece gracias al amor. Pero el amor nos da miedo.”, Anthony de Mello.
Cuando se ama, se es valiente por el otro, pero se le teme al otro. Lo primero en lo que pensó Juan Villoro cuando sintió el sismo en Chile, fue en su familia(que se encontraba en Mexico), y en como se encontrarían, el solo quería correr buscarlos sin importar el miedo; y en contraste, lo único que piensa el personaje principal de “Carta a una señorita en parís”,es el que habrá de pensar Andreé cuando se entere de que el vomita conejitos por la misma razón por la que Juan Villoro no le teme al sismo, por amor. El querer proteger y estar al lado de un otro nos hace valientes, nos hace sentir que ninguna montaña en inamovible y que todos los ríos pueden ser cambiados de cauce, pero, el que otro sea tan importante para nosotros como para mover una montaña, nos vuelve vulnerables, nos debilita en lo más profundo, dejando en las manos de ese otro nuestro destino; aún así, todo temor no se vence con amor, a veces, el temor es tan grande que se vence a si mismo, es en esos bonitos casos en los que “no tenemos nada que perder”, en los que el ingenio, y las agallas de verdad se ponen a prueba, un ejemplo de esto sería “los valientes sastres de la mafia” en el que, un grupo de sastres se ven tan acorralados, enfrentando la muerte, que salen con las ideas más ingeniosas para que no rueden cabezas, pero sin temor a que no funcionaran, porque si no lo intentaban, de todas formas morirían, a final, logran escapar de la muerte y vivir un día más, y sabiendo que enfrentaron al miedo, no muy valientemente ni con un gran ideal en la cabeza, pero lo hicieron.
miércoles, 7 de mayo de 2014
Solo los tercos, los locos y los estúpidos escriben.
“Acuérdate de Dorothy Parker: “odio escribir, pero amo haber escrito”.”*
Escribir no solo es doloroso en el proceso de hacerlo, cuando la incertidumbre te acompaña por que no sabes si la historia se desarrollara como la deseas, cuando el autor no tiene ningún derecho tiene sobre lo que escribe,cuando el libro se pertenece a sí mismo y el escritor es solo un medio que la historia utiliza para manifestarse; sino que también es doloroso cuando terminas, y no sabes que pasará después cuando otros vean esa alma indomable que plasmaste en tinta, y la juzguen como tuya, como si ese ser omnipotente que se te presentó y te torturo hasta que le diste cuerpo, fuera tu hijo, como si fueras responsable de él, de su existencia. Entonces los nervios te inundan hasta la inconciencia y empiezas a dudar, relees el texto una y otra vez, te sucede que “...en una jornada solo alcanzas a precisar un adjetivo, y al día siguiente lo borras porque ya no te gusta.”*, recorres con mirada analítica cada página, cada letra, cada pequeña arruga sobre el papel y llega la hora del juicio: El título.
Si construir un texto de pies a cabeza, con venas, articulaciones, huesos y músculos es difícil, ponerle un nombre, bautizarlo, entregarle algo que será su tarjeta de presentación, es un delirio. Hay autores que crean el título antes del texto, como hay otros que tienen una gracia magistral al bautizar sus obras, pero también estamos los últimos, el común, que desearíamos hacer como los pintores y dejarlos “Sin título”; vírgenes, salvajes como llegaron a nosotros, libres de la mirada escrutiñadora del lector; sin embargo, al igual que las personas, sin nombre no hay ser social, no hay libro, así que nos damos a la tarea de buscar entre la niebla, en la sopa de la tarde y en el café un título, y encontramos posibles candidatos para serlo, pero no encontramos EL TÍTULO, que, cuando se desentierra desde lo más profundo de la inconsciencia “algo, en algún rincón del universo, se regocija. Como si ese encuentro fuera un cañonazo de celebración a los pies de lo que llaman la posteridad, o la historia.”**
Por eso les advierto, más bien les aconsejo, no escriban a menos de que sean tercos, estúpidos o locos que solo encuentran remedio sobre el papel, por que es sufrir en la escritura es un gaje del oficio y solo aquellos que no se acobardan tienen el derecho de hacerlo, después de todo, “Si dejas de escribir cuando los editores te cierran las puertas, tal vez mereces que te las cierren.”*.
*Consejos para un joven que quiere ser cronista, Alberto Salcedo Ramos.
**El alma de los libros, Leila Guerreiro
miércoles, 23 de abril de 2014
Gabo no está muerto.
Semana santa acabó de luto, un luto amarillo, lleno de flores y mariposas. Las dedicatorias amorosas para Gabriel García Márquez no se hicieron esperar, algunas de amigos y conocidos y otras de completos extraños, pero todas conteniendo la misma frase “Se nos fue Gabo”, y yo creo que se equivocan al decir que se ha ido, porque cuando alguien como nuestro premio nobel muere, el mundo entero se pone de cabeza, aún así, desde el pasado Jueves santo lo único que ha cambiado es que sus libros se están vendiendo más que nunca (como le pasa a cualquier humano, que lo quieren después de muerto), 7 de sus novelas están en la lista de las 30 más vendidas en internet; en las calles, las bibliotecas, las librerías, en todas partes hay por lo menos una persona con macondo entre sus palmas, a un coronel danzando en sus ojos o a un exorcismo del demonio más grande(el amor) descansando en su regazo.
Gabo no está muerto.
Gabo no está muerto para mí, por que el Gabo que yo conocí está en el Magdalena viendo a las sirenas asolearse, Gabo no está muerto porque el Gabo que yo conocí es el que se enamora llevando un telegrama y que enamora escribiendo 131 cartas, Gabo vive, porque, al igual que Nena Daconte, dejó tras de sí un rastro de su propia sangre en el suelo, que recorre desde un estante en la biblioteca de mi apartamento hasta las bibliotecas públicas de Madrid y por allí donde sea que se esconda su realismo mágico.
Gabo está vivo y lo tengo guardado en el cajón de mi nochero.
viernes, 4 de abril de 2014
Una curiosa con nuevas metas.
La verdad, hasta hace poco no tenía muy claro que quería ser, o más bien, si realmente quería ser escritora, llevo pensándolo bastante, y hoy, 4 de Abril del 2014, por fin me decidí, quiero ser escritora, por eso, hace no más de 5 minutos envié una solicitud al grupo de escritores de mi universidad y les adjunté uno de mis cuentos(flata ver si me aceptan), de todas formas, aquí se los traigo, para que ustedes mismos decidan, si merezco o no este gran honor.
-¿Y qué tal te parece?
-¡Es hermoso papá!- La pequeña criatura de no más de ocho años, cabello castaño largo, ojos negros redondos y cara regordeta respondió.-¡Me encanta! -añadió regalandole un fuerte abrazo a su progenitor y sonriendo con alegría.
-¡Que bueno que te guste Sofía!, tu papá lo pintó pensando en ti.-agregó una mujer, de no más de unos 40 años, cabello negro azabache, ojos almendrados y sonrisa afable, quien se acercaba a paso lento.
-¿Quién es esa señora papá?- preguntó la pequeña cortésmente luego de esconderse tras las anchas piernas de su padre.
-Ella es un hada madrina que va a hacer que seas feliz como lo eras con mamá.- respondió mientras le acariciaba cariñosamente la cabeza a la niña y saludó a la mujer con un beso en los labios.
“Ella será mi nueva obra de arte” le susurró más tarde en la comodidad de su pequeño escarabajo color mostaza mientras encendía la calefacción para ahuyentar el frío traído por las gotas de lluvia luego de que salieran de su exposición de arte en el pequeño museo de artes de Jeréz de la Frontera.
-¡¿Por qué lo hizo?!- preguntaría el oficial caucásico, regordete, barrudo y con olor a tabaco.
-Por que es arte.- le dijo con una sonrisa.
-Daniela, deja de jugar con la comida.
Han pasado tan solo meses y mi hada madrina ya está con nosotros en casa ¡y eso me hace tan feliz! Ella siempre juega conmigo y me deja leer hasta ya caída la noche ¡hasta me ayuda con mis pinturas! A veces pienso que el que mamá se haya ido no es tan malo después de todo, papá no es tan alegre como antes, pero mi hada madrina lo hace sonreír, y yo la quiero más de lo que quise a mamá; no me malentiendan, amaba a mamá, pero mi hada me entiende más y me hace más feliz. Aún así, yo también me entristezco a ratos porque me hace mucha falta Daniela, desde que ella se fue con mamá las cosas han cambiado mucho, pero no hay nada que pueda hacer, lo que se va tan lejos nunca regresa, ¿cierto?
-Papá, ya te dije que soy Sofía, no Daniela, podemos lucir iguales, pero somos distintas.-Muy distintas, pensé para mis adentros.
-Lo siento Sofía, por favor deja de jugar con la comida y come de una vez que se te va a enfriar.- dijo papá con disgusto en su rostro.
-Tranquilízate un poco cariño, Sofía es una buena chica, es solo que es tan soñadora que a veces se olvida de lo que está haciendo y se pone a divagar.- ¡Ah! como quiero a mi hada madrina, solo con su bonita sonrisa puede calmar a papá.
-Si papá, además tienes que entender que Daniela se fue con mamá, así que yo me quedé para hacerte compañía y seguir pintando contigo.- le respondí con una sonrisa. Papá fue el más afectado de la partida de mamá y de Daniela, pero por eso estamos aquí mi hada y yo, para hacerlo feliz.
-¡¿Y eso es arte?!- Preguntaría el oficial.
-¡Claro que sí!- contestaría con asombro dibujado en su rostro el interrogado.- ¿No cree que el arte de un hombre debe llevar el corazón de lo que lo inspiró a hacerlo?- terminaría, esperando a que el oficial le diera una respuesta.
-¡Sí, pero no de esa forma!- Diría este.
-Papi, papi, ¡¿puedo pintar contigo?!- se oyó en los pasillos de la caserona antigüa seguido de unos pasos corriendo en dirección al jardín, donde el pintor Felipe Guevara se sentaba a ratos a practicar su arte.
-Claro que sí mi amor.- contestó su progenitor mientras sorbía otro trago de su té de canela y le daba otra pincelada a el lienzo.
-¿Qué pintas?- Preguntó con mirada curiosa la niña mientras trataba de ver lo que había sobre gran caballete su padre.
-Estoy haciendo un retrato de Erika.- Respondió afable y alzó a la pequeña criatura para que pudiera ver su pintura.
-¿Por qué pintas a mi hada madrina?- Cuestionó.
-Porque uno pinta las cosas que ama, para que así el alma y el corazón de esas cosas perduren para siempre.-Sonrió.- lo más importante en una pintura es que contenga el corazón de lo que está siendo pintando, por que así no es solo una pintura, sino una obra de arte.
-¡Oh! ¡Entiendo!- Dijo la niña.- ¡Me iré a pintar a mi cuarto!- Anunció antes de darle un beso en la mejilla a su padre y salir corriendo en dirección a su pequeño cuarto.
-¿Y no le entristece que ya no tenga con quien compartir sus días?- Continuaría con el cuestionario el robusto hombre.
-No, el alma y el corazón de quienes amo están en esa pintura gracias a lo que usted llama “crimen”, y las pinturas duran para siempre, así que jamás estaré en soledad.
Pasaban los días y la alegre niña pasaba las tardes encerrada en su cuarto, ya no se oían pequeños pasos corriendo por la casa, y “mágicamente” el misterioso ladrón de galletas que siempre ponía su ojo sobre la despensa de la pobre familia Guevara no habia vuelto a cometer sus fechorías.
Unos pasos se acercaron al cuarto de la pequeña y se asomaron por la entreabierta puerta, la infante estaba dormida sobre una pequeña silla, su cara apoyada en su paleta de pinturas con azules, verdes y amarillos recorriendole sus redondas mejillas, un pincel(probablemente el que la niña estaba usando) había caído al suelo, dejando una mancha azul cielo en el piso de madera por la que más tarde su padre la regañaría, pero por ahora, solo la cubriría con una manta para que no la agarrara una gripe.
-Es una niña tan dulce.- Le susurró el “hada madrina” al pintor al ver lo que había dibujado en el lienzo.
-Sí, pero me preocupa que insista en que Daniela se ha ido…-Murmuró con un tinte de tristeza en su voz el padre de la niña- Desde que murió su madre ella no ha sido la misma.
-¡Oh, vamos!, es solo una niña, ella no sabe lo que dice, además te aprecia mucho, y ha mejorado mucho en la pintura, tal vez algún día tenga un futuro prometedor como el tuyo.
-Usted no tiene remedio.- Espetó el policía mientras sacudía la cabeza- Aún así, no hay forma en que la pueda encarcelar, espero que esto le pese toda la vida y comprenda la gravedad de lo que hizo.- Dijo mientras miraba esos grandes ojos color obsidiana.- Mi compañero le guiará a la salida.
-Gracias oficial, fue una charla interesante, que tenga buen día.- Respondió mientras daba un saltito para pararse de su silla y luego solo se retiró escoltada por el compañero del oficial.
-¿La vas a dejar ir así no más?- Preguntó una voz que se encontraba al otro lado del cristal del cuarto de interrogaciones.
-Sabes que no puedo hacer nada.- Respondió molesto.- Estúpida ley del menor.- Murmuró para sus adentros mientras se retiraba del pequeño cuarto y se dirigía a atender otro caso.
Esa misma tarde se esparció la noticia por toda España, Sofía Daniela Guevara, de ocho años, hija del pintor Felipe Guevara, quien había asesinado a su padre y a la pareja sentimental de este y había clavado sus corazones en un retrato de ellos (y quien más tarde se suicidaría frente a la misma pintura), había salido en libertad, y todo gracias a la “maldita ley del menor”.
La maldita ley.
-¿Y qué tal te parece?
-¡Es hermoso papá!- La pequeña criatura de no más de ocho años, cabello castaño largo, ojos negros redondos y cara regordeta respondió.-¡Me encanta! -añadió regalandole un fuerte abrazo a su progenitor y sonriendo con alegría.
-¡Que bueno que te guste Sofía!, tu papá lo pintó pensando en ti.-agregó una mujer, de no más de unos 40 años, cabello negro azabache, ojos almendrados y sonrisa afable, quien se acercaba a paso lento.
-¿Quién es esa señora papá?- preguntó la pequeña cortésmente luego de esconderse tras las anchas piernas de su padre.
-Ella es un hada madrina que va a hacer que seas feliz como lo eras con mamá.- respondió mientras le acariciaba cariñosamente la cabeza a la niña y saludó a la mujer con un beso en los labios.
“Ella será mi nueva obra de arte” le susurró más tarde en la comodidad de su pequeño escarabajo color mostaza mientras encendía la calefacción para ahuyentar el frío traído por las gotas de lluvia luego de que salieran de su exposición de arte en el pequeño museo de artes de Jeréz de la Frontera.
-¡¿Por qué lo hizo?!- preguntaría el oficial caucásico, regordete, barrudo y con olor a tabaco.
-Por que es arte.- le dijo con una sonrisa.
-Daniela, deja de jugar con la comida.
Han pasado tan solo meses y mi hada madrina ya está con nosotros en casa ¡y eso me hace tan feliz! Ella siempre juega conmigo y me deja leer hasta ya caída la noche ¡hasta me ayuda con mis pinturas! A veces pienso que el que mamá se haya ido no es tan malo después de todo, papá no es tan alegre como antes, pero mi hada madrina lo hace sonreír, y yo la quiero más de lo que quise a mamá; no me malentiendan, amaba a mamá, pero mi hada me entiende más y me hace más feliz. Aún así, yo también me entristezco a ratos porque me hace mucha falta Daniela, desde que ella se fue con mamá las cosas han cambiado mucho, pero no hay nada que pueda hacer, lo que se va tan lejos nunca regresa, ¿cierto?
-Papá, ya te dije que soy Sofía, no Daniela, podemos lucir iguales, pero somos distintas.-Muy distintas, pensé para mis adentros.
-Lo siento Sofía, por favor deja de jugar con la comida y come de una vez que se te va a enfriar.- dijo papá con disgusto en su rostro.
-Tranquilízate un poco cariño, Sofía es una buena chica, es solo que es tan soñadora que a veces se olvida de lo que está haciendo y se pone a divagar.- ¡Ah! como quiero a mi hada madrina, solo con su bonita sonrisa puede calmar a papá.
-Si papá, además tienes que entender que Daniela se fue con mamá, así que yo me quedé para hacerte compañía y seguir pintando contigo.- le respondí con una sonrisa. Papá fue el más afectado de la partida de mamá y de Daniela, pero por eso estamos aquí mi hada y yo, para hacerlo feliz.
-¡¿Y eso es arte?!- Preguntaría el oficial.
-¡Claro que sí!- contestaría con asombro dibujado en su rostro el interrogado.- ¿No cree que el arte de un hombre debe llevar el corazón de lo que lo inspiró a hacerlo?- terminaría, esperando a que el oficial le diera una respuesta.
-¡Sí, pero no de esa forma!- Diría este.
-Papi, papi, ¡¿puedo pintar contigo?!- se oyó en los pasillos de la caserona antigüa seguido de unos pasos corriendo en dirección al jardín, donde el pintor Felipe Guevara se sentaba a ratos a practicar su arte.
-Claro que sí mi amor.- contestó su progenitor mientras sorbía otro trago de su té de canela y le daba otra pincelada a el lienzo.
-¿Qué pintas?- Preguntó con mirada curiosa la niña mientras trataba de ver lo que había sobre gran caballete su padre.
-Estoy haciendo un retrato de Erika.- Respondió afable y alzó a la pequeña criatura para que pudiera ver su pintura.
-¿Por qué pintas a mi hada madrina?- Cuestionó.
-Porque uno pinta las cosas que ama, para que así el alma y el corazón de esas cosas perduren para siempre.-Sonrió.- lo más importante en una pintura es que contenga el corazón de lo que está siendo pintando, por que así no es solo una pintura, sino una obra de arte.
-¡Oh! ¡Entiendo!- Dijo la niña.- ¡Me iré a pintar a mi cuarto!- Anunció antes de darle un beso en la mejilla a su padre y salir corriendo en dirección a su pequeño cuarto.
-¿Y no le entristece que ya no tenga con quien compartir sus días?- Continuaría con el cuestionario el robusto hombre.
-No, el alma y el corazón de quienes amo están en esa pintura gracias a lo que usted llama “crimen”, y las pinturas duran para siempre, así que jamás estaré en soledad.
Pasaban los días y la alegre niña pasaba las tardes encerrada en su cuarto, ya no se oían pequeños pasos corriendo por la casa, y “mágicamente” el misterioso ladrón de galletas que siempre ponía su ojo sobre la despensa de la pobre familia Guevara no habia vuelto a cometer sus fechorías.
Unos pasos se acercaron al cuarto de la pequeña y se asomaron por la entreabierta puerta, la infante estaba dormida sobre una pequeña silla, su cara apoyada en su paleta de pinturas con azules, verdes y amarillos recorriendole sus redondas mejillas, un pincel(probablemente el que la niña estaba usando) había caído al suelo, dejando una mancha azul cielo en el piso de madera por la que más tarde su padre la regañaría, pero por ahora, solo la cubriría con una manta para que no la agarrara una gripe.
-Es una niña tan dulce.- Le susurró el “hada madrina” al pintor al ver lo que había dibujado en el lienzo.
-Sí, pero me preocupa que insista en que Daniela se ha ido…-Murmuró con un tinte de tristeza en su voz el padre de la niña- Desde que murió su madre ella no ha sido la misma.
-¡Oh, vamos!, es solo una niña, ella no sabe lo que dice, además te aprecia mucho, y ha mejorado mucho en la pintura, tal vez algún día tenga un futuro prometedor como el tuyo.
-Usted no tiene remedio.- Espetó el policía mientras sacudía la cabeza- Aún así, no hay forma en que la pueda encarcelar, espero que esto le pese toda la vida y comprenda la gravedad de lo que hizo.- Dijo mientras miraba esos grandes ojos color obsidiana.- Mi compañero le guiará a la salida.
-Gracias oficial, fue una charla interesante, que tenga buen día.- Respondió mientras daba un saltito para pararse de su silla y luego solo se retiró escoltada por el compañero del oficial.
-¿La vas a dejar ir así no más?- Preguntó una voz que se encontraba al otro lado del cristal del cuarto de interrogaciones.
-Sabes que no puedo hacer nada.- Respondió molesto.- Estúpida ley del menor.- Murmuró para sus adentros mientras se retiraba del pequeño cuarto y se dirigía a atender otro caso.
Esa misma tarde se esparció la noticia por toda España, Sofía Daniela Guevara, de ocho años, hija del pintor Felipe Guevara, quien había asesinado a su padre y a la pareja sentimental de este y había clavado sus corazones en un retrato de ellos (y quien más tarde se suicidaría frente a la misma pintura), había salido en libertad, y todo gracias a la “maldita ley del menor”.
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