miércoles, 23 de abril de 2014

Gabo no está muerto.

Semana santa acabó de luto, un luto amarillo, lleno de flores y mariposas. Las dedicatorias amorosas para Gabriel García Márquez no se hicieron esperar, algunas de amigos y conocidos y otras de completos extraños, pero todas conteniendo la misma frase “Se nos fue Gabo”, y yo creo que se equivocan al decir que se ha ido, porque cuando alguien como nuestro premio nobel muere, el mundo entero se pone de cabeza,  aún así, desde el pasado Jueves santo lo único que ha cambiado es que sus libros se están vendiendo más que nunca (como le pasa a cualquier humano, que lo quieren después de muerto), 7 de sus novelas están en la lista de las 30 más vendidas en internet; en las calles, las bibliotecas, las librerías, en todas partes hay por lo menos una persona con macondo entre sus palmas, a un coronel danzando en sus ojos o a un exorcismo del demonio más grande(el amor) descansando en su regazo.

Gabo no está muerto.

Gabo no está muerto para mí, por que el Gabo que yo conocí está en el Magdalena viendo a las sirenas asolearse, Gabo no está muerto porque el Gabo que yo conocí es el que se enamora llevando un telegrama y que enamora escribiendo 131 cartas, Gabo vive, porque, al igual que Nena Daconte, dejó tras de sí un rastro de su propia sangre en el suelo, que recorre desde un estante en la biblioteca de mi apartamento hasta las bibliotecas públicas de Madrid y por allí donde sea que se esconda su realismo mágico.

Gabo está vivo y lo tengo guardado en el cajón de mi nochero.

viernes, 4 de abril de 2014

Una curiosa con nuevas metas.

La verdad, hasta hace poco no tenía muy claro que quería ser, o más bien, si realmente quería ser escritora, llevo pensándolo bastante, y hoy, 4 de Abril del 2014, por fin me decidí, quiero ser escritora, por eso, hace no más de 5 minutos envié una solicitud al grupo de escritores de mi universidad y les adjunté uno de mis cuentos(flata ver si me aceptan), de todas formas, aquí se los traigo, para que ustedes mismos decidan, si merezco o no este gran honor.



La maldita ley.


-¿Y qué tal te parece?

-¡Es hermoso papá!- La pequeña criatura de no más de ocho años, cabello castaño largo, ojos negros redondos y cara regordeta respondió.-¡Me encanta! -añadió regalandole un fuerte abrazo a su progenitor y sonriendo con alegría.

-¡Que bueno que te guste Sofía!, tu papá lo pintó pensando en ti.-agregó una mujer, de no más de unos 40 años, cabello negro azabache, ojos almendrados y sonrisa afable, quien se acercaba a paso lento.

-¿Quién es esa señora papá?- preguntó la pequeña cortésmente luego de esconderse tras las anchas piernas de su padre.

-Ella es un hada madrina que va a hacer que seas feliz como lo eras con mamá.- respondió mientras le acariciaba cariñosamente la cabeza a la niña y saludó a la mujer con un beso en los labios.

“Ella será mi nueva obra de arte” le susurró más tarde en la comodidad de su pequeño escarabajo color mostaza mientras encendía la calefacción para ahuyentar el frío traído por las gotas de lluvia luego de que salieran de su exposición de arte en el pequeño museo de artes de Jeréz de la Frontera.




-¡¿Por qué lo hizo?!- preguntaría el oficial caucásico, regordete, barrudo y con olor a tabaco.

-Por que es arte.- le dijo con una sonrisa.




-Daniela, deja de jugar con la comida.

Han pasado tan solo meses y mi hada madrina ya está con nosotros en casa ¡y eso me hace tan feliz! Ella siempre juega conmigo y me deja leer hasta ya caída la noche ¡hasta me ayuda con mis pinturas! A veces pienso que el que mamá se haya ido no es tan malo después de todo, papá no es tan alegre como antes, pero mi hada madrina lo hace sonreír, y yo la quiero más de lo que quise a mamá; no me malentiendan, amaba a mamá, pero mi hada me entiende más y me hace más feliz. Aún así, yo también me entristezco a ratos porque me hace mucha falta Daniela, desde que ella se fue con mamá las cosas han cambiado mucho, pero no hay nada que pueda hacer, lo que se va tan lejos nunca regresa, ¿cierto?

-Papá, ya te dije que soy Sofía, no Daniela, podemos lucir iguales, pero somos distintas.-Muy distintas, pensé para mis adentros.

-Lo siento Sofía, por favor deja de jugar con la comida y come de una vez que se te va a enfriar.- dijo papá con disgusto en su rostro.

-Tranquilízate un poco cariño, Sofía es una buena chica, es solo que es tan soñadora que a veces se olvida de lo que está haciendo y se pone a divagar.- ¡Ah! como quiero a mi hada madrina, solo con su bonita sonrisa puede calmar a papá.

-Si papá, además tienes que entender que Daniela se fue con mamá, así que yo me quedé para hacerte compañía  y seguir pintando contigo.- le respondí con una sonrisa. Papá fue el más afectado de la partida de mamá y de Daniela, pero por eso estamos aquí mi hada y yo, para hacerlo feliz.




-¡¿Y eso es arte?!- Preguntaría el oficial.

-¡Claro que sí!- contestaría con asombro dibujado en su rostro el interrogado.- ¿No cree que el arte de un hombre debe llevar el corazón de lo que lo inspiró a hacerlo?- terminaría, esperando a que el oficial le diera una respuesta.

-¡Sí, pero no de esa forma!- Diría este.




-Papi, papi, ¡¿puedo pintar contigo?!- se oyó en los pasillos de la caserona antigüa seguido de unos pasos corriendo en dirección al jardín, donde el pintor Felipe Guevara se sentaba a ratos a practicar su arte.

-Claro que sí mi amor.- contestó su progenitor mientras sorbía otro trago de su té de canela y le daba otra pincelada a el lienzo.

-¿Qué pintas?- Preguntó con mirada curiosa la niña mientras trataba de ver lo que había sobre gran caballete su padre.

-Estoy haciendo un retrato de Erika.- Respondió afable y alzó a la pequeña criatura para que pudiera ver su pintura.

-¿Por qué pintas a mi hada madrina?- Cuestionó.

-Porque uno pinta las cosas que ama, para que así el alma y el corazón de esas cosas perduren para siempre.-Sonrió.- lo más importante en una pintura es que contenga el corazón de lo que está siendo pintando, por que así no es solo una pintura, sino una obra de arte.

-¡Oh! ¡Entiendo!- Dijo la niña.- ¡Me iré a pintar a mi cuarto!- Anunció antes de darle un beso en la mejilla a su padre y salir corriendo en dirección a su pequeño cuarto.




-¿Y no le entristece que ya no tenga con quien compartir sus días?- Continuaría con el cuestionario el robusto hombre.

-No, el alma y el corazón de quienes amo están  en esa pintura gracias a lo que usted llama “crimen”, y las pinturas duran para siempre, así que jamás estaré en soledad.




Pasaban los días y la alegre niña pasaba las tardes encerrada en su cuarto, ya no se oían pequeños pasos corriendo por la casa, y “mágicamente” el misterioso ladrón de galletas que siempre ponía su ojo sobre la despensa de la pobre familia Guevara no habia vuelto a cometer sus fechorías.

Unos pasos se acercaron al cuarto de la pequeña y se asomaron por la entreabierta puerta, la infante estaba dormida sobre una pequeña silla, su cara apoyada en su paleta de pinturas con azules, verdes y amarillos recorriendole sus redondas mejillas, un pincel(probablemente el que la niña estaba usando) había caído al suelo, dejando una mancha azul cielo en el piso de madera por la que más tarde su padre la regañaría, pero por ahora, solo la cubriría con una manta para que no la agarrara una gripe.

-Es una niña tan dulce.- Le susurró el “hada madrina” al pintor al ver lo que había dibujado en el lienzo.

-Sí, pero me preocupa que insista en que Daniela se ha ido…-Murmuró con un tinte de tristeza en su voz el padre de la niña- Desde que murió su madre ella no ha sido la misma.

-¡Oh, vamos!, es solo una niña, ella no sabe lo que dice, además te aprecia mucho, y ha mejorado mucho en la pintura, tal vez algún día tenga un futuro prometedor como el tuyo.




-Usted no tiene remedio.- Espetó el policía mientras sacudía la cabeza- Aún así, no hay forma en que la pueda encarcelar, espero que esto le pese toda la vida y comprenda la gravedad de lo que hizo.- Dijo mientras miraba esos grandes ojos color obsidiana.- Mi compañero le guiará a la salida.

-Gracias oficial, fue una charla interesante, que tenga buen día.- Respondió mientras daba un saltito para pararse de su silla y luego solo se retiró escoltada por el compañero del oficial.

-¿La vas a dejar ir así no más?- Preguntó una voz que se encontraba al otro lado del cristal del cuarto de interrogaciones.

-Sabes que no puedo hacer nada.- Respondió molesto.- Estúpida ley del menor.- Murmuró para sus adentros mientras se retiraba del pequeño cuarto y se dirigía a atender otro caso.

Esa misma tarde se esparció la noticia por toda España, Sofía Daniela Guevara, de ocho años,  hija del pintor Felipe Guevara, quien había asesinado a su padre y a la pareja sentimental de este y había clavado sus corazones en un retrato de ellos (y quien más tarde se suicidaría frente a la misma pintura), había salido en libertad, y todo gracias a la “maldita ley del menor”.