lunes, 12 de mayo de 2014

El miedo, el amor y la valentía.

“Todos los problemas tienen la misma raíz: el miedo. El miedo desaparece gracias al amor. Pero el amor nos da miedo.”, Anthony de Mello.


Cuando se ama, se es valiente por el otro, pero se le teme al otro. Lo primero en lo que pensó Juan Villoro cuando sintió el sismo en Chile, fue en su familia(que se encontraba en Mexico), y en como se encontrarían, el solo quería correr  buscarlos sin importar el miedo; y en contraste, lo único que piensa el personaje principal de “Carta a una señorita en parís”,es el que habrá de pensar Andreé cuando se entere de que el vomita conejitos por la misma razón por la que Juan Villoro no le teme al sismo, por amor. El querer proteger y estar al lado de un otro nos hace valientes, nos hace sentir que ninguna montaña en inamovible y que todos los ríos pueden ser cambiados de cauce, pero, el que otro sea tan importante para nosotros como para mover una montaña, nos vuelve vulnerables, nos debilita en lo más profundo, dejando en las manos de ese otro nuestro destino; aún así, todo temor no se vence con amor, a veces, el temor es tan grande que se vence a si mismo,  es en esos bonitos casos en los que “no tenemos nada que perder”, en los que el ingenio, y las agallas de verdad se ponen a prueba, un ejemplo de esto sería “los valientes sastres de la mafia” en el que, un grupo de sastres se ven tan acorralados, enfrentando la muerte, que salen con las ideas más ingeniosas para que no rueden cabezas, pero sin temor a que no funcionaran, porque si no lo intentaban, de todas formas morirían, a final, logran escapar de la muerte y vivir un día más, y sabiendo que enfrentaron al miedo, no muy valientemente ni con un gran ideal en la cabeza, pero lo hicieron.

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